Play The Long Game! – 9 Estrategias para domar al elefante

Miguel Bran disciplina, hábitos, mental, Nutrición, Uncategorized 6 Comments

Nuestra vida está inundada de urgencias. Todo lo queremos rápido, todo lo queremos ya, todo lo queremos para ayer.  Y no somos culpables de esto, nuestro entorno se ha adecuado a darnos esta satisfacción tan esperada, tan ansiada, tan impulsiva.  Cuántas veces nos ha pasado que hemos querido comprar algo y buscamos la forma más rápida de tenerlo para que, cuando al fin llega, produzca una “felicidad” momentánea y a los días esté guardado con el resto de cachivaches que hemos acumulado de esta manera?  Creo que a todos nos ha sucedido. O quizás, personas que suben una foto a su Facebook o Instagram y esperan unos minutos para ver cuantos likes tiene y si no genera los suficientes en ese tiempo, la borran. O las personas que viven modestamente y de repente se ganan la lotería o reciben una herencia para que al poco tiempo vivan igual o peor que como lo hacían antes.  Todos estos ejemplos y muchísimos más que con seguridad a ustedes se les ocurrirán, suceden por que siempre buscamos una gratificación instantánea en lugar de postergarla en pos de lo que queremos a futuro.  Algunos tenemos este auto-control más desarrollado que otros pero al final, nuestro cerebro está diseñado para esto, para buscar el placer que nos produce el obtener, lograr o comer algo en este momento, YA!

Nuestro amor por la comida viene de nuestra genética.  Nos encanta comer para que busquemos hacerlo y así conservar la especie. Quizás cuando la comida era muy escasa, esta era una cualidad muy deseada pero ahora que el acceso a ella es más fácil, dicho mecanismo de defensa incrustado en nuestros genes, ya no se mira tan cool e incluso llega a ser una amenaza para la misma especie que esta tratando de proteger.  Si aún viviéramos una vida tan activa de cazadores y recolectores y si nuestra alimentación fuera tan natural como en esos tiempos, no tendríamos mayor preocupación que estar en suficiente buena forma como para escapar de la fiera que pretendíamos fuera nuestra presa.

Esta voracidad por alimentarnos también nos lleva a que después queramos perder las libras ganadas de una forma fácil y rápida, con métodos o dietas cuestionables y que claramente dañarán al final nuestra salud.

Las formas de obtener recompensas inmediatas se dan en todos los ámbitos de nuestra vida y aunque todos utilizamos diferentes medios para conseguirlas, la comida es la que casi todos perseguimos.  Y por supuesto, no tiene nada de malo que nos guste, pero debemos estar conscientes de la diferencia entre disfrutarla realmente porque queremos y el simple placer de comer porque está grabado en nuestro código genético.

Pero aunque no seamos culpables de esta herencia de nuestros antepasados, no podemos usarlo como excusa para abandonarnos a nosotros mismos y llegar a un punto en donde perjudique nuestra salud, baje nuestra auto-estima o nos imposibilite llevar una vida llena de bienestar. Tomando como referencia el libro “Switch” de los hermanos Heath, estos instintos de conservación son como un elefante grande y poderoso que puede ser controlado por cierto tiempo, pero que en cualquier momento, puede pelar cables y hacer su voluntad pasando sobre todo y todos.  Nuestra capacidad de pensar, analizar y tomar decisiones son el pequeño y frágil conductor del elefante que si bien logra hacerlo por un buen tiempo, al estar cansado o distraído, suelta las riendas y permite al paquidermo hacer su santa voluntad.  Obviamente las fuerzas del primero nunca podrán dominar a la bestia y ya sabemos como termina esto, en el mejor de los casos en un par de decisiones no tan acertadas y en el peor, en un binge eating sin precedentes.

Y entonces? Qué podemos hacer al respecto? Cómo nos defendemos de estas funciones que no han evolucionado al ritmo de nuestro crecimiento como humanos? O quizás Dios no tiene por intención que estas evolucionen ya que algún día nos veremos en la necesidad de utilizarlas de nuevo por una inminente escasez  de alimentos.  Sea cual fuere la razón y habiendo agotado muchísimas opciones como dietas restrictivas, detox, intervenciones quirúrgicas, gotitas mágicas, chupacabras y muchísimas otras medidas cortoplacistas, qué recursos nos quedan para poder optar a un bienestar sostenible?

Definitivamente el panorama de medidas rápidas es confuso y sombrío. Tendemos siempre a regresar a donde estábamos antes de aventurarnos en cualquiera de las prácticas anteriormente mencionadas o quizás hasta peor de cómo iniciamos.  A qué se debe esto? A quién le echamos la culpa? Qué excusas tenemos?

Francamente, aunque algunas industrias de “alimentos”  se han dedicado a diseñar comida altamente apetecible pero a la vez cargada de químicos y calorías, nosotros y únicamente nosotros somos los responsables de tomar las decisiones de nuestra alimentación y las de nuestra familia. Si no lo hacemos, estamos condenados a que otros escojan y seguramente no serán las mejores opciones.  Cómo evitamos que el entorno, otras personas y nuestra fuerza de voluntad nos fallen?

Claramente vemos la necesidad de buscar soluciones que a futuro sean tan beneficiosas que estemos dispuestos a sacrificar esta gratificación rápida y tengamos la convicción de que estas serán las mejores.

He aquí nuestro plan:

 

Démosle forma al camino. En nuestra historia del elefante, hay siempre una forma de mantenerlo bajo control y es moldeando el camino de una manera tal que el animal siga por el mismo a pesar de que el conductor se distraiga o se quede dormido.   Qué quiero decir con esto? Si nosotros adoptamos estrategias para no necesitar de nuestra fuerza de voluntad al momento de tomar decisiones, será mucho más fácil que las mismas sean más adecuadas y congruentes con lo que queremos lograr,  como por ejemplo:

1. Identificar nuestras comidas detonantes y no tenerlas disponibles.  En mi caso es el chocolate y nunca lo tengo en mi casa.  Aunque como chocolates de vez en cuando, no mantengo disponible porque sería un motivo para regresar a la cocina cada 5 minutos. Hagamos una limpieza de comida hoy mismo.

2. Hablar con los integrantes de nuestra familia y hacerles ver que estamos mejorando nuestros hábitos y que por favor sean solidarios con nuestro propósito y no quienes más bien nos impulsen a que sigamos llevando nuestra misma alimentación.  Quizás al principio se sentirán ofendidos, seguro, no nos comprenderán del todo pero si somos consistentes en el camino a nuestros destinos, los inspiraremos a ellos también. Son nuestro grupo de apoyo.

3. Empezar a conocernos nosotros mismos distinguiendo cuando tenemos hambre de verdad o cuando es algo emocional. Esto podremos hacerlo estando atentos para identificarlo.  Aprendamos a estar cómodos con estar incómodos por el hambre y esperar suficiente tiempo antes comer viendo las reacciones de nuestro cuerpo. El hambre NO es una urgencia.

4. Hacer nuestras compras y preparación de comida de la semana.  Cuando llegamos cansados después del trabajo y no hay nada qué comer, obviamente prepararlo o esperar a que nos lo preparen está fuera de lo que podríamos tolerar en ese momento, pero si ya tenemos preparado algo y únicamente debemos calentarlo evitaremos pasar al primer auto-servicio que se nos ponga en frente.   Realmente esto es algo que me ha funcionado muchísimo. Yo me pongo a pensar en que no hay razón para pasar pues tengo comida saludable en la casa y además ahorro.

5. Estar atentos y encontrar cuáles son nuestros detonantes.  Cuando nos encontremos de repente comiendo sin razón aparente, picando sin hambre o luego de un binge, en lugar de sentirnos mal luego, retrocedamos, observemos y analicemos los eventos que nos condujeron al mismo. Empecemos desde el inicio del día y quizás podamos identificar un patrón y así estar preparados para cuando este patrón empiece a repetirse y romper la cadena que nos llevaría de nuevo a lo mismo.  Observemos y analicemos, sin juzgar.

6. Cuando vayamos al super, hagamos antes una lista y no vayamos con hambre.  A todos nos ha pasado que si no vamos preparados con una lista de compras y encima de esto llevamos un hambre voraz terminaremos comprando y luego comiendo toda clase de “goodies”, comprobado personalmente. Llevemos agua pura y snack saludables todo el tiempo. Cuántas veces hemos comido cualquier chuchería porque “eso era lo único que había”.? Por poco que sea el tiempo que tenemos libre en el día, no hay excusa para no preparar algo y llevarlo en la bolsa o en el carro.

7. Comer lento, hasta que estemos satisfechos. Tomarnos 15 a 20 minutos en cada tiempo de comida, nos lo merecemos! Masticar, platicar, saborear y disfrutar nuestra comida, es esencial para que el cerebro vaya detectando nuestras señales de satisfacción y de los nutrientes que van ingresando a nuestro cuerpo para que este a su vez, nos indique detenernos antes de quedar “forrados”

8. Antes de ceder a una tentación o a comer por ansiedad, respiremos, tomemos agua y esperemos!  Estas sensaciones vienen en olas y como tales tienen un momento fuerte y luego se retiran.  Si logramos controlarnos, cada vez mejoraremos nuestra auto-eficacia para hacerlo y nos demostrará que somos capaces y que realmente no era hambre lo que teníamos.

9. Adquiere siempre un hábito a la vez. La mejor forma de ir adquiriendo nuevos hábitos es uno a la vez.  Cuando tratamos de abarcar muchos cambios en nuestra vida al mismo tiempo, seguramente no lograremos mantenerlos por tanto tiempo.  Busquemos construir sobre los que ya hemos perfeccionado para irnos empoderando poco a poco.

En sí, tengamos presente que no podemos ni debemos aislarnos, tenemos una vida, acontecimientos sociales, celebraciones, reuniones, comidas fuera y esto seguramente no va a cambiar. Lo importante es conocernos y estar conscientes de escoger siempre lo mejor que podamos dentro de las opciones disponibles. Y si acaso no fueron las mejores, re iniciar en nuestro camino inmediatamente después.  No esperemos a mañana, ni al lunes, ni al otro mes. Limpiemos la mesa y comencemos con la siguiente comida. No permitamos que el elefante se escape, haga de las suyas y regrese con el moco caído.

Si a pesar de estar desempeñándote de la mejor manera posible y utilizando buenas estrategias y hábitos, no ves resultados rápidos en la pesa, recuerda que estamos jugando un juego largo y motívate buscando todos los pequeños triunfos que has logrado utilizándolos como base para seguir creciendo. Te garantizo que al final, los resultados vendrán de muchas formas que incluso, ni te esperabas.

Qué estrategias utilizas o utilizarás para darle forma al camino? Cómo vas a convertir esta información en acción? Agradeceré tus comentarios abajo o puedes escribirme a miguel@miguelbran.com

Recuerda que puedes cambiar este camino inscribiéndote en nuestro Food & Nutrition Coaching!  Si quieres más información obtenla haciendo click aquí!

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Comments 6

  1. Debbie de Mendoza

    Muy bueno! Que positivo es detenernos a pensar de dónde se origina nuestra forma de comer y la era en la que vivimos, pues es cierto que todo lo queremos rápido! Mil gracias por recalcarnos los hábitos y los tips para conocernos, cambiar y controlar a ese gran elefante!

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  2. Marlene Medina

    Me gusto mucho Miguel. Realmente uno trae hábitos de herencia pero hay que quebrarlos.
    Gracias por sugerirme la lectura, muy buena.

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  3. Mario Melara

    Buenas herramientas en este artículo gracias Miguel allí vamos adecuamdonos a tomar buenas decisiones y hacer lo que se puede con lo que tenemos al alcance

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